En 1980, la abuela de Karen abrió una pequeña fábrica de ropa interior infantil en Brasil. Treinta años después, se había convertido en una de las principales exportadoras del país: más de 100 marcas diferentes confiaban en su trabajo a día de hoy salen más de 12.000 prendas a la semana.
La abuela diseñaba y fabricaba braguitas para niñas de entre 3 y 12 años, siempre con una obsesión muy clara: buena costura, buenos materiales y acabados perfectos. Allí, entre montones de telas y máquinas funcionando sin parar, Karen y el resto de la familia aprendieron el oficio.